
Buenos días, querida niña de cabellos blancos
Buenos días, niña-abuela
Ya sé que cada noche el sueño te roba el día y esa maldita goma de borrar empieza a hacer de las suyas, destrozando y rompiendo para siempre tus recuerdos. No lo mereces pero no te preocupes, cabellos de plata, porque aquí sigo yo para ser tu memoria. Volveremos a jugar a eso que tú me enseñaste cuando yo era pequeña, como las adivinanzas o a cantar “coplas españolas”, ¡esas que tanto te gustan!, tararearás nanas, esas nanas que me cantabas y que ahora, cuando las vuelvo a escuchar de tu voz, me trasmiten paz y tranquilidad.
Quiero que a partir de hoy, esos bonitos ojos que chispean cada vez que entro por la puerta de casa, no vuelvan a derramar ni una lágrima más. No se lo permitas, tú eres fuerte, tú eres maravillosa, tú eres única y así quiero seguir viéndote.
Exprimiremos todo el tiempo que tengamos para disfrutar cada día juntas. Daremos largos paseos, te llevaré a ese lugar que tanto te gusta al que llamas “mi cole”. Allí aprenderás de nuevo las cosas que esa maldita goma de borrar hace que vayas olvidando, impediremos que te devore recuerdos, nos enfrentaremos a ella y le haremos pasar hambre.
Mi querida niña-abuela, sigue con esa simpatía, sigue siendo más niña que abuela, regálame todos los días una de tus preciosas sonrisas y así sabré que en tu mundo sigues siendo feliz.
Te quiero, niña-abuela. Te quiero mamá.