Dicen que las cosas nunca ocurren porque sí, que siempre hay un fin más profundo de lo que podemos percibir con nuestra mente concreta, con las limitaciones de nuestro entendimiento racional  y práctico.

Desde este espacio privilegiado, en el que me ha tocado habitar a ratos, puedo observar el trabajo, la vida, el amor y la dedicación con la que otras/os  desempeñan su labor.

Veo entrar cada día a esas personas, antaño fuertes y rápidas, ahora en su declive, en sus horas bajas, no menos importantes y ricas en experiencia por ello. Algunas llegan desorientadas, otras no quieren quedarse, las más con sueño. Al encontrarse con esas caras amables, con esas sonrisas, con esos buenos días enérgicos y llenos de alegría, no tienen por más que alegrarse también y despertar. Sus ojos ante tanto cariño, se llenan de un brillo especial, como los de un niño ante un regalo inesperado. Son empáticas, comprensivas, son cercanas, naturales, la bondad de sus actos y de sus ademanes, se percibe, se palpa. Comienza la jornada, todas/os a su sitio.

Las/os enfermas/os, entran en clase, vuelven al aula, algunas/os a su niñez, solo que esta, se fue  lejos hace mucho… Ahora toca trabajar la atención  y el amor se viste de paciencia, ahora un dibujo y se viste de color. ¡Ahora gimnasia!  Y se arma el revuelo. ¡Venga! ¡Venga! Se escucha decir a la monitora. ¡Al patio! ¡Vamos Enrique, Andrés, Jesús, Nati, Dolores, Rafael, Manuela! En menos de cinco minutos, veinte sillas se han dispuesto en círculo y un saco de pelotas de colores se reparte entre las/os participantes, expectantes y atentos en la medida en que les acompañan sus reflejos ya maltrechos. Se esfuerzan por pasarla hacia la derecha, sonrisas, movimientos de cabeza, Manuela logra pasarla, la de Enrique  cae al suelo, no importa, la monitora se la devuelve, carcajadas y la pelota vuelve a caer y ella se la recoge  una y mil veces… Así una hora tras otra, un día tras otro, con la misma entrega, con la misma fuerza, con la misma alegría.

Mujeres, son mujeres valerosas, mujeres como las demás, con sus tribulaciones, con sus escollos que superar, con  sus vidas, sin embargo y sin desmerecer a nadie, son diferentes, son un equipo, son personas de corazón, que entregan un pedacito de este todos los días, de una forma increíble, que insuflan vida donde a veces, apenas se recuerda que la hay.

Habrá equipos iguales, muchísimos, seguro, pero yo he tenido el honor y la suerte de conocerlas a ellas. Son esas mujeres que le dan sentido a la frase con la que empezaba este texto, verdaderamente todo tiene un fin profundo. El que estéis aquí en este preciso lugar, desempeñando este trabajo concreto, tiene que ser obra de una inteligencia superior llena de amor.

Dedicado al equipo de mujeres de AFA-Olivares y a todos los equipos, que como este,  van repartiendo esperanza y alegría, a la par que ponen  su esfuerzo y su trabajo al servicio de un mundo mejor.

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